Feminista del 33

clara_campoamor“Soy feminista”, afirmación hoy en día asimilada por casi todos los ciudadanos de estados con sistemas modernos y liberales, pero vacía de significado.

Hoy en día el ciudadano de a pie define ser feminista como “no ser machista”. El feminismo para muchos es situar a la mujer en la misma posición que el hombre; mismos derechos, mismos deberes. Realmente, estas personas no andan mal encaminadas. El feminismo es eso, o al menos lo fue en la España de 1933, cuando Clara Campoamor defendía en las instituciones y plazas populares el sufragio femenino. El feminismo de entonces era la lucha para que la mujer votase, pudiese sacar dinero del banco sin el consentimiento de su marido, pudiese ocupar puestos de trabajo “de hombres”, etc. Pero, los años pasan y las necesidades y problemas sociales cambian. A día de hoy, la mujer afronta problemas como la desigualdad laboral (salarios y puestos directivos), la violencia de género (violaciones y asesinatos), etc. Es por ello que las demandas deben ser diferentes; en una sociedad liberal como la nuestra, la mujer debería caminar sola por la calle sin miedo a ser atacada, violada o robada por ninguna persona, debería poder quedarse embarazada sin miedo a ser despedida de su puesto de trabajo, debería tener el mismo salario que un hombre y las mismas opciones de ocupar un puesto directivo que una persona igualmente capacitada. Pero lo cierto es que aún nos queda mucho por conseguir, y las leyes son nuestro medio.

Uno de los obstáculos a tal igualdad es el hembrismo, cada vez más extendido en nuestras sociedades y definido como feminismo por mujeres y hombres de nuestros días. Y, aunque el corrector de mi Word no reconozca la palabra, existe y se encuentra en muchos más sitios de los que imaginamos. El hembrismo existe en aquellas mujeres que deciden abortar en el momento en que descubren el sexo de su hijo barón, existe en frases como “machete al machito”, en argumentos ilógicos que defienden que “el hombre piensa con el pene y la mujer con la cabeza”, existe en denuncias falsas de violencia machista, etc. Pero también existe en leyes como la Ley de Igualdad de Género, en la que se hace una discriminación positiva a la mujer otorgándole la custodia no compartida, en muchos casos sin investigar si la madre está capacitada para cuidar al hijo y obligando al padre a gastarse un dineral para conseguir las migajas que, abogadas “feministas”, les dejan. Esto, señores, es lo reconocido como feminismo de la tercera ola. Un feminismo con tintes hembristas, resentido y nutrido por el machismo misógino de siglos atrás, y el cual profesa lo que también conocemos como la ideología de género.

Busquen ustedes mismos las diferencias. El feminismo del siglo pasado defendía la igualdad real entre hombres y mujeres. El “feminismo” actual profesa la ideología de género, adoctrinando a niños y adultos con un lenguaje “integrador” (véase jóvenes y jóvenas), dando su toque especial a leyes aprobadas en el Congreso o Asambleas municipales (véase la propuesta de ponerle falda a los monigotes de los semáforos de alguna ciudad española), etc.

Por ello, hoy más que nunca debemos defender ese feminismo de Clara Campoamor. Ese feminismo que mujeres liberales defendieron frente (y no junto) a la izquierda española del momento que, por unos míseros votos, prefirieron defender posturas contrarias al sufragio femenino y condenar a la mujer a la dependencia máxima del sistema y de su marido.

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