Hay problemas que no admiten excusas porque afectan al día a día de todos los vecinos. La limpieza de nuestras calles, el estado del pavimento o una iluminación adecuada no son grandes proyectos de futuro, sino la base de una ciudad cuidada, segura y agradable para vivir. Y, sin embargo, la sensación que transmite Sant Feliu de Llobregat es justamente la contraria: suciedad acumulada, aceras deterioradas, calles con un mantenimiento insuficiente y puntos donde la iluminación deja mucho que desear.
Lo más sorprendente es que quienes hoy gobiernan dedicaron años a denunciar precisamente estas mismas deficiencias cuando estaban en la oposición. Criticaban la falta de limpieza, reclamaban más mantenimiento y prometían que otra forma de gestionar era posible. Tres años después, la realidad demuestra que aquellas críticas no se han traducido en soluciones. Los problemas siguen ahí y, en algunos casos, la percepción vecinal es que incluso han empeorado.
El gobierno tripartito parece haber convertido la comunicación en su principal política. No faltan los grandes anuncios, las presentaciones, las fotografías para las redes sociales o los titulares llenos de promesas. Pero mientras se dedica tanto esfuerzo a proyectar una imagen de gestión, la administración del día a día queda en un segundo plano. Y es precisamente esa gestión cotidiana la que marca la diferencia entre una ciudad bien gobernada y otra que va perdiendo calidad urbana poco a poco.
Los vecinos no necesitan más campañas de comunicación. Necesitan calles limpias, aceras en condiciones, un alumbrado que funcione correctamente y un mantenimiento constante de los espacios públicos. En definitiva, necesitan que el Ayuntamiento priorice resolver los problemas reales antes que construir un relato.
A partir de septiembre, previsiblemente asistiremos a un auténtico desfile de anuncios, inauguraciones y nuevas promesas. Con las elecciones municipales cada vez más cerca, aumentará el ritmo de las iniciativas y de las publicaciones en redes sociales. Pero la pregunta es inevitable: si durante tres años no han sido capaces de solucionar cuestiones tan básicas, ¿qué garantía existe de que lo harán en los diez meses que quedan hasta las elecciones?
Los vecinos merecen hechos, no fotografías. Porque gobernar no consiste en anunciar constantemente lo que se hará algún día, sino en demostrar cada jornada que la ciudad está mejor cuidada que el día anterior.

Las calles piden hechos, no promesas
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