En el pleno de mayo se debatió la aprobación del nuevo Plan de Movilidad de Sant Feliu. Un documento que, en teoría, debería servir para afrontar algunos de los problemas que más preocupan a nuestros vecinos: la congestión del tráfico, la falta de aparcamiento, la seguridad vial o las dificultades que encuentran muchos comerciantes y profesionales para desarrollar su actividad diaria.
Sin embargo, tras analizar el contenido del plan, la conclusión es clara: el gobierno municipal vuelve a apostar por una visión de la movilidad basada principalmente en restringir el uso del vehículo privado, ampliar las peatonalizaciones y consolidar un modelo que ya ha generado numerosas críticas en distintos barrios de la ciudad.
Lo más llamativo es que el propio documento reconoce la existencia de problemas importantes. Admite la elevada intensidad de tráfico que soporta Laureà Miró, la saturación del aparcamiento en numerosas zonas del centro y la presión creciente sobre los espacios de carga y descarga. Son realidades que cualquier vecino puede comprobar a diario.
Pero, lejos de plantear soluciones equilibradas para afrontar estos retos, la respuesta propuesta pasa por más limitaciones, más regulación y una reducción progresiva del espacio destinado a la circulación y al estacionamiento. Es difícil entender cómo se pretende resolver un problema de falta de aparcamiento eliminando más plazas o cómo se quiere mejorar la movilidad complicando todavía más los desplazamientos de quienes utilizan el coche por necesidad y no por capricho.
Especial preocupación merece la ausencia de una evaluación rigurosa sobre los carriles bici implantados durante los últimos años. Muchos vecinos consideran que algunos de ellos están mal ubicados, generan conflictos de convivencia o han supuesto la pérdida de plazas de aparcamiento importantes para residentes y comercio local. Antes de plantear nuevas ampliaciones, parecería razonable analizar qué actuaciones han funcionado y cuáles requieren correcciones. Sin embargo, el plan opta por consolidar y ampliar la red existente sin un debate previo sobre sus resultados reales. Esta posición era la que defendían los partidos del tripartito de gobierno, PSC, Junts y Veins cuando estaban en la oposición.
Algo similar ocurre con las propuestas de pacificación del centro urbano y de ejes tan importantes como Laureà Miró. Sobre el papel, estos proyectos pueden parecer atractivos. Pero una ciudad debe diseñarse pensando en todos sus usuarios: comerciantes, repartidores, personas mayores, familias o vecinos con dificultades de movilidad. La accesibilidad no puede convertirse en una cuestión secundaria.
Otro aspecto que nos genera dudas es la incorporación al plan de la denominada «movilidad con perspectiva de género». El documento afirma que pretende garantizar una movilidad segura, accesible y equitativa adaptada a las diversas necesidades de la población. Sin embargo, no concreta qué necesidades específicas de movilidad existen en Sant Feliu en función del sexo de las personas, qué problemas concretos pretende resolver ni cómo se evaluará la eficacia de las medidas propuestas.
La seguridad, la accesibilidad y la calidad del espacio público son objetivos compartidos por todos. Pero para que las políticas públicas sean útiles deben basarse en diagnósticos claros, medidas concretas y resultados medibles. De lo contrario, existe el riesgo de introducir conceptos que generan titulares pero que aportan poca utilidad práctica a la hora de resolver los problemas reales de los ciudadanos.
Además, resulta difícil no recordar que cuando se plantearon iniciativas para mejorar la iluminación en determinados puntos de la ciudad, precisamente una cuestión relacionada con la percepción de seguridad en el espacio público, el gobierno municipal negó la existencia del problema y rechazó nuestras propuestas presentadas.
Desde nuestra perspectiva, Sant Feliu necesita una movilidad equilibrada. Una movilidad que combine la seguridad vial con la fluidez del tráfico, que apoye al comercio local, que tenga en cuenta las necesidades de quienes utilizan el transporte público, la bicicleta o los desplazamientos a pie, pero que también respete a quienes necesitan utilizar el vehículo privado en su día a día.
La movilidad del futuro no debe construirse desde posiciones ideológicas ni desde una visión única de cómo deben desplazarse los ciudadanos. Debe construirse desde el sentido común, escuchando a los vecinos y buscando soluciones reales para los problemas reales.
Por todo ello, votamos en contra de este Plan de Movilidad. No porque estemos en contra de mejorar la ciudad, sino precisamente porque creemos que Sant Feliu merece un plan mejor, más equilibrado y más conectado con la realidad cotidiana de sus vecinos.


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